-¡ese calzón te queda apretado!- solía decir mi madre, y ni hablar, había que cambiarlo por uno más holgado. Obviamente que en esos ayeres su voz era la de un sargento inquebrantable que imponía el orden y todo se seguía al pie de la letra.
Pero hoy es el "festejo" del día de las madres y al pasar el tiempo no me cabe la menor duda que es el día perfecto para tratar de revindicarse, de resarcir esos 365 de ignorarla en menor o mayor grado, pero ignorarla sí; de tratar de compensar esos "no tengo tiempo, dile a papá o a mis hermanos", de intentar revivir momentos de gloria a quienes ya no la tienen. Tristemente eso es el 10 de mayo, el canjear un regalo y una salida a un bonito restaurante, por el perdóname por no atenderte todo el año.
Lo peor, acusome pecador.
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