10 diciembre 2009

Vaya, que cercano es el paraíso...



Volvemos después de un tiempo.Y aunque el tiempo es oro, en la mayoria de los casos se desperdicia, porque inclusive la espera es tiempo, pero en este caso, es tiempo bien aprovechado.
Algunas veces el escritor o pseudo escritor (hasta que no sea reconocido) requiere de un espacio para aclarar las ideas, para despejar las neuronas o para simplemente desaburrirse de lo cotidiano. Este es mi caso, que sin seguir siendo importante es importante, que sin ser profundo es profundo y que sin ser interesante es interesante, sí, al menos para mi.
Y que coincidencia, de vuelta a este espacio, y tambien de vuelta del paraíso, o casi paraíso llamado por los aldeanos Cancún, con sus playas asombrosas y su mar turquesa donde se une con el arcoiris azulado.
Claro no podia faltar la amabilidad de los lugareños que sin más ni más tienen una palabra amigable y una sonrisa sincera, que la brindan sin vacilar.
Y lo mas interesante de todo, fue conocer a Ixtchel en su tierra original, en su mismo territorio donde se desarrollaba con total plenitud, con alegría, con cadencia, con sutileza y embriagante aroma de brisa convertida en lluvia y de lluvia convertida en escencia de pureza armonica elevando una sinfonia de sonidos anglicales. Asi es Ixtchel, poderosa, como la tierra que ve a sus habitantes con franqueza y les da la oportunidad de realizarse aunque siempre con recelo de que no sobrepasen sus fronteras.
Es algo de lo que puedo tratar de explicar, sin embargo, tiene sus misterios y me toco vivirlos intensamente, pero como todo, nunca es suficiente el tiempo y para descubrir a la diosa blanca, a la diosa del amor.

Pero como dijo el presidente de California I´ll be back

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