17 marzo 2007

UN EXTRAÑO SEÑOR


Dicen que existía un viejo extraño- porque era por demás extraño- al cual toda la gente que pasaba cerca de él, le sacaba vuelta. Pero el nunca se explicaba porqué. Tenía educación, era gentil, un lenguaje bastante culto y conocía demasiados secretos de la vida.
Tampoco le preocupaba demasiado que no se le acercasen, no necesitaba prácticamente nada de nadie, gozaba de excelente salud, tenía una pequeña herencia que le permitía vivir sin lujos, pero al menos cómodamente. Solía tocar el clarinete en los días soleados en la plaza central, claro, solo para alegrar a los transeúntes ya que no portaba al menos un pocillo para recibir centavos. Sin embargo, los días nublados se acercaba al puente que cruzaba por el medio de la ciudad, un puente construido para evitar el tren del mediodía que dicho sea de paso, algunas ocasiones se escapaba al atardecer o incluso por las noches de luna llena. Esos días tocaba las notas más dulces que su viejo clarinete y su brillante inspiración podían sacar, porque tenía deudas pendientes con su pasado, que fue tan escabroso, tan oscuro y vano, que se redimía con las melodías casi celestiales que afloraban en los días nublados.
Nunca se lo explicó, pero era fácil descubrirlo, tenía dos años sin cortarse una uña, sin rasurarse la barba, mucho menos el cabello.
Es una buena persona.


Shop.

2 comentarios:

Srta. Maquiavélica dijo...

Suele pasar de hecho hay indigentes q no son tan malos y en su vida apsada hasta millonarios fueron¡¡¡¡¡
aqui d metiche leyendote
besitos

Sola en el universo dijo...

Qué gusto leerte de nuevo, Shop.

Quiero ser como ese señor, que no necesite nada de nadie.

:D