
Hoy no tengo un tema en especifico, solo mencionare que sigue lloviendo, pero no solo llueve en el cielo, también en todo lo referente a mi entorno. Alegrías solo como estrellas fugaces, perspectivas de encadenamiento, forcejeos ineficaces, ideas intrascendentes y alguno que otro destello de lucidez intelectual.
Hace pocos días asistí a un servicio religioso católico de los que irónicamente se celebran y es solo por decirlo de alguna manera, cuando viene un nuevo-otra ironía- deceso; no soy partidario de la religión católica aunque tampoco soy un juzgante de los mismos pero volviendo al comentario, es bastante contagioso el dolor que fluye en los afectados directos del difunto a los que no lo somos, cada sollozo que nace en la persona cercana tiene un poder imantado nos traslada a una época anterior en que perdimos a uno de los nuestros. Es eso lo que se logra, recordar a nuestros caídos o la otra visualización la postrera caída de nuestros allegados o la nuestra misma. Es uno de esos sesgos de apreciación de la vida, donde por momentos pasa en la mente el visitar a los que condolecen, a abrazar a la familia, a querer a la amada o al amante.
Desgraciadamente solo es eso, un pensamiento fugaz que cambia al momento en que volvemos a nuestro cotidiano vivir.
Esos instantes que desfasan nuestra mente hacia las buenas intenciones, el que carece de pareja siempre se siente incomodo en su soledad insaciable o al que la tiene y busca la manera de tener la soledad,- que incomprensión-oh que buenas intenciones.
Pero eso fue un simple suceso que aprovecho para mandar una oda a mis queridos muertos que se encuentren en donde se encuentren y aunque sea solo en esos momentos de dolencia de otros, les recuerdo con mucho cariño, aprovecho también para mandar otra oda a los que caerán, que prefiero recordarlos sonrientes, gruñones o simpáticos, sea como sea, les felicito porque llegaron o llegaran a un terreno deseado por muchos.
Aun sigue lloviendo, supongo entonces que el cielo esta triste, pero así me gusta, melancólico y sin sol como aquellos días en los que se disfrutaba encharcar nuestros zapatos al cruzar la avenida mojada tomados de las manos y abrazándonos muertos de risa del salpicón que el auto veloz no causaba, y con los rostros como llenos de lagrimas que en realidad era gotas de lluvia que nos acercaban las miradas y las bocas aferrándonos a mantener eterno ese momento simple pero imposible de olvidar.
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Hace pocos días asistí a un servicio religioso católico de los que irónicamente se celebran y es solo por decirlo de alguna manera, cuando viene un nuevo-otra ironía- deceso; no soy partidario de la religión católica aunque tampoco soy un juzgante de los mismos pero volviendo al comentario, es bastante contagioso el dolor que fluye en los afectados directos del difunto a los que no lo somos, cada sollozo que nace en la persona cercana tiene un poder imantado nos traslada a una época anterior en que perdimos a uno de los nuestros. Es eso lo que se logra, recordar a nuestros caídos o la otra visualización la postrera caída de nuestros allegados o la nuestra misma. Es uno de esos sesgos de apreciación de la vida, donde por momentos pasa en la mente el visitar a los que condolecen, a abrazar a la familia, a querer a la amada o al amante.
Desgraciadamente solo es eso, un pensamiento fugaz que cambia al momento en que volvemos a nuestro cotidiano vivir.
Esos instantes que desfasan nuestra mente hacia las buenas intenciones, el que carece de pareja siempre se siente incomodo en su soledad insaciable o al que la tiene y busca la manera de tener la soledad,- que incomprensión-oh que buenas intenciones.
Pero eso fue un simple suceso que aprovecho para mandar una oda a mis queridos muertos que se encuentren en donde se encuentren y aunque sea solo en esos momentos de dolencia de otros, les recuerdo con mucho cariño, aprovecho también para mandar otra oda a los que caerán, que prefiero recordarlos sonrientes, gruñones o simpáticos, sea como sea, les felicito porque llegaron o llegaran a un terreno deseado por muchos.
Aun sigue lloviendo, supongo entonces que el cielo esta triste, pero así me gusta, melancólico y sin sol como aquellos días en los que se disfrutaba encharcar nuestros zapatos al cruzar la avenida mojada tomados de las manos y abrazándonos muertos de risa del salpicón que el auto veloz no causaba, y con los rostros como llenos de lagrimas que en realidad era gotas de lluvia que nos acercaban las miradas y las bocas aferrándonos a mantener eterno ese momento simple pero imposible de olvidar.
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